14.8.10

¿Vienes?


Era ese preciso momento en el que la luna y el sol comparten el cielo, pero era la luna quien ganaba la partida y el frescor de la noche empezaba a colarse por las mangas de mi camiseta.
Avanzábamos todo recto, por una carretera interminable que parecía llevar a ningún lugar, y en la que no se oía ningún sonido a parte del motor y tubo de escape de su enorme moto negra, y el persistente zumbido del viento en los oídos.
Me abracé a su cálido cuerpo y recordé las palabras que susurraba apenas un par de horas antes:
-Estoy harto de todo esto, te juro que me iría ahora mismo si no te hubiera conocido...
-Pues vámonos.
-¿Lo harías? ¿Vendrías conmigo a cualquier lugar?


Sonreí a su espalda mientras le estrechaba más contra mí. Pues claro, idiota,
Iría contigo al fin del mundo.

13.8.10

Frases (2)



-¿Es verdad que no has leído ninguno de estos libros?
-Los libros son aburridos.
-Los libros son espejos, sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro...

12.8.10

Sólo por hoy

Hoy estoy cansada. Es uno de esos días en los que te despiertas ya cansado, y el simple hecho de levantar los párpados constituye un esfuerzo insoportable. Por eso, simplemente, me quedo tumbada en la cama, con los ojos cerrados y sintiéndome más y más cansada. Cansada del calor agobiante que se adhiere a mi piel, de respirar fuego, cansada de estudiar cuando mi cerebro está dormido, cansada de desear estar en cualquier otro lugar, siempre y cuando pudiese disfrutar de luz natural. Cansada de sentirme culpable por cada precioso segundo que desperdicio tumbada, pero esque, como ya he dicho, hoy no tengo fuerzas para ser mayor. No tengo fuerzas para decir: Te necesito, ni para dar un abrazo a quien realmente lo merece. No tengo fuerzas para esbozar sonrisas falsas a la gente que no me importa, por el simple hecho de que yo no les importo a ellos. No tengo fuerzas ni para sentarme a la orilla de la barra del bar y contemplar a ese chico tan guapo. No tengo fuerzas para coger el teléfono y llamarte, porque estoy cansada, cansada de este juego que nunca se termina, y que si algún día termina temo que no sea como esos finales de película que acaban con un beso y un felices para siempre.

Hoy no quiero decidir, hoy, sólo hoy seré de nuevo pequeña y huiré del mundo de los mayores, de las responsabilidades y de las complicadas relaciones sociales, especialmente de esa llamada amor. Así que me esconderé bajo la cama de mis padres hasta que sienta que el mundo pesa un poquito menos. Sí, parece buena idea.

Pero cuando estoy en el umbral de la puerta de la habitación, veo a ese pequeño monstruito que es mi primo, revolviendo los cajones e intentando colocarse una de las corbatas de mi padre por la cabeza.
-¿Qué haces? –le pregunto
Me mira, asustado por verse pillado con las manos en la masa, y responde con expresión inocente:
-Juego a ser mayor.
Sin decirle nada más, continúo mi camino hasta la cama, me arrodillo y me meto bajo ella como solía hacer cuando tenía miedo al hombre del saco. Mi primo, mirándome extrañado, me pregunta:
-¿Y qué haces tú?
-Juego a ser pequeña.


Hoy no tengo fuerzas para enfrentarme al mundo de los mayores. Quizás mañana.

2.8.10

Frases (1)


"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que cada uno encuentre la suya, algún día"


El principito

Usa protector solar

No recuerdo haber pasado tanto calor ningún otro verano. O eso, o soy yo quien se ha vuelto más calurosa. El caso es que hoy, para paliar esta flama agobiante que se nos echa encima a media tarde, aquí en el corazón de Andalucía, he decidido ir a la piscina, a falta del mar, que ahora no lo veo ni en fotos.

Cuando salía por la puerta es cuando mi madre, que no se queda nunca tranquila hasta comprobar que llevo comida para una semana, abundantes líquidos, y crema solar para embadurnar a media playa de Benidorm, se ha puesto a darme los mismos consejos que me soltaba cuando yo tenía ocho años. Y esque las madres se empeñan en vernos exactamente como el día de nuestra comunión. Ni un día más.
Yo, entre divertida e irritada, le aseguré que no me separaría de la escalerilla ni haría ahogadillas, ni nada de hacer el cabra. Pareció quedarse conforme, pero cuando ya iba yo a doblar la esquina de mi calle, la oí gritar a lo lejos: “¡Y usa el protector solar!”. No me ha quedado más remedio que reírme, porque las madres siempre tienen razón, y porque siempre seré esa niña vestida de comunión, pero con unos añitos más. He recordado, gracias a mi madre, este vídeo que precisamente se llama ‘Usa protector solar’, y he comprendido que los consejos, aunque los haya oído veinticinco millones de veces, nunca están de más, especialmente si vienen de las personas que más me quieren.